#43 Semana Santa: Plan A y Plan B

Hay dos Semanas Santas. Semana Santa A de procesiones y olor a incienso. Y Semana Santa B de vacaciones y bares. Algunos combinan ambos planes. Pero yo nunca he podido.
No me sale.


De pequeña me sentía mayor porque a mi amiga y a mí nos llevaba una de las madres a ver las procesiones de noche; mientras nuestras hermanas pequeñas se quedaban a dormir juntas en casa de la otra madre.
Es algo que se vive desde niños. Y como se suele decir en cada fiesta patronal o tradición local, es difícil explicar las emociones que se viven.
Ese arraigo no disminuyó en mí a pesar de vivir después fuera. Y cuando volvíamos en vacaciones, ya adolescentes, callejeábamos con los itinerarios en mano, buscando los Pasos y nos recorríamos toda Málaga en vez de esperar en un punto durante horas a que pasaran. Además así veíamos más y se producían momentos bonitos como cuando dos Tronos se encuentran y se saludan.
Mentíamos a mis padres con las fechas de vacaciones (vale, esto no es muy católico, Pero no he dicho que sea una buena católica). Lo que ocurría es que sólo nos daban Jueves y Viernes santo (y Lunes de Pascua, que en Andalucía no es festivo) y para cuando podíamos viajar a Málaga nos habíamos perdido más de media Semana Santa. En realidad sólo perdíamos un día de instituto.
Sospecho ahora que mis padres lo sabían; pero no objetaban nada porque para nosotros el día grande era el Miércoles y tampoco se lo querían perder.
Ya más mayor en la universidad, recuerdo haber viajado el mismo día (ahí ya era más difícil saltarse clases sin consecuencias) y que me recogieran mis amigas directamente en la estación de autobuses y meternos en pleno centro con la bolsa de viaje a cuestas. Si sabéis cómo se ponen las calles en procesiones os daréis cuenta que eso ¡era la muerte! Pero no me importaba. ¡Estaba allí!
Al margen de eso,  Jueves y Viernes Santo han sido siempre mis preferidos por la solemnidad, el silencio, el sonido de las chapas en los zapatos contra el suelo en los desfiles.
Años después, cuando ya volví a la provincia, iba por las tardes o ya de noche a Málaga (horario laboral mandaba) o pasaba un par de días en casa de mis padres para seguir yendo a verlas.
Pero como todo, las cosas fueron cambiando con las enfermedades. Durante mucho tiempo aguanté estoicamente el dolor como pude  por las las horas de pie y largas caminatas hasta la madrugada.
Con el SFC, se acabó el callejear y estar a cuerpo parado día tras día. Hubo años en los que no pude ir ningún día y algún año que he bajado solo y exclusivamente a "mi" Virgen y a "mi" Cristo.
Soy creyente a mi manera. Tengo una visión bastante particular de mi fe. Y no me apoyo especialmente en ello para superarme. Mi espiritualidad me da calma pero no recurro a ella cuando algo no va bien. Soy yo la que tiene que hacer por cambiar las cosas.
Por eso me sorprende aún lo que pasó esa noche.
Recuerdo un Miércoles Santo, cuando aún no estaba diagnosticada de Lupus y estaba muy mal (realmente mal, no salía de un brote de Síndrome de Fatiga Crónica que ya estaba en otro -trabajando- y el lobo estaba desatado por ir de incógnito), que me acerqué a tocar el manto de la Virgen (cosa  que nunca había hecho, fue un impulso). Y le pedí no que me pusiera bien, sino que me diera fuerzas para sobrellevarlo lo mejor posible.
Al darme la vuelta... bueno se me ha quedado clavada esa imagen de mis padres abrazados llorando.
Pero no quiero terminar así este post.
Quiero terminarlo recordando (aunque duela) como en este periodo empezaba la temporada de playa para nosotras hasta que septiembre lo permitiera.
Ahora Semana Santa significa para mí que vienen los sobrinos con la familia. Y que llegan locos, corriendo al sofá a contarme lo que han hecho al bajar al centro.

Imagen: Reading Chaucer. Escultura de Philip Jackson. 

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2 comentarios :

  1. Que curioso me resulta tu post; no soy religiosa y soy del norte, donde las procesiones no tienen mucho arraigo ( ni poco).
    Para mi la Semana Santa son vacaciones y punto, y como mucho se pueden ver un rato procesiones de otras provincias.
    Leer la vivencia directa de alguien que "vive" las procesiones me es nuevo y me ha gustado. Gracias niña

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    Respuestas
    1. Qué costumbres tan diferentes siendo el mismo país ¿verdad?
      A mí no me gusta ver las procesiones por la tele (que sería una opción al no ir) porque, aunque aprendes mucho de historia por los comentaristas, no se vive ni de lejos igual. Faltan los olores, la gente, el sentir...

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Imagen diccionario: Dani Torrent